El reino efímero de los Estados nacionales está en declive. Después de todo, son los últimos en llegar a la historia. Tan recientemente como a mediados del siglo XIX, el mundo se dividió en imperios, ciudades-estados y nacientes estados-nación. El último recién comenzó a consolidarse en el siglo XX. Y como muestra el final de la Guerra Fría, los estados-nación -con sus fronteras definidas, gobiernos centrales, comunidades imaginadas y autoridad soberana- no son inevitables ni eternos.
Hay menos claridad acerca de lo que sucederá en un mundo sin ellos. A medida que los estados-nación sucumben a las presiones del populismo y el secesionismo, la pregunta es: ¿qué clase de orden global (o desorden) emerge en su lugar?
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Fuente: World Economic Forum