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sábado, 19 de noviembre de 2016

El Tribunal de La Haya pone en su mira a la CIA


Por Francisco Herranz para Sputnik. 18/11/2016

La Corte Penal Internacional (CPI) vuelve a ser noticia. En una aparente operación de lavado de cara, este organismo supranacional permanente, creado en 2002 para juzgar delitos extremadamente graves, ha anunciado que tropas del Ejército de Estados Unidos y agentes de la CIA podrían haber perpetrado crímenes de guerra en Afganistán.

La Fiscalía del tribunal, que tiene su sede en la localidad holandesa de La Haya, asegura que las fuerzas norteamericanas habrían cometido torturas y otros tipos de maltratos en campos secretos de detención. Según la CPI, estos centros ilegales estaban gestionados por la Agencia Central de Inteligencia, y los crímenes de guerra tuvieron lugar "principalmente durante el periodo 2003-2004", aunque, "en algunos casos, continuaron hasta 2014", según precisa un comunicado de la fiscal de la organización, la gambiana Fatou Bensouda. Los graves delitos se habrían producido en todas las 34 provincias afganas, aunque las de Kandahar y Helmand, donde tradicionalmente son más fuertes los talibanes, parecen "las provincias más afectadas".

El caso investigado forma parte de los tristemente célebres 'vuelos secretos de la CIA'. El asunto, denunciado por Amnistía Internacional y Human Rights Watch, consistía en una red de cárceles clandestinas repartidas por varios países de Europa del Este —Polonia y Rumanía—, a donde eran enviados supuestos sospechosos de terrorismo para ser torturados con completa impunidad. Allí se aplicaban 'técnicas mejoradas de interrogatorio' como el 'submarino' (ahogamiento simulado), la hipotermia inducida o el encadenamiento prolongado.

¿Cuál ha sido la reacción estadounidense? Previsible y presuntuosa. Una portavoz del Departamento de Estado dijo que su país no cree que una indagación de la CPI esté "justificada" o sea "apropiada". "Estados Unidos está profundamente comprometido con el cumplimiento del derecho de la guerra, y tenemos un robusto sistema nacional de investigación y responsabilidad que cumple más que las normas internacionales", añadió Elizabeth Trudeau.

Si continúa la investigación sobre el US Army y la CIA, eso representaría un paso muy significativo para el tribunal internacional, estima David Bosco, un periodista estadounidense que ha escrito el libro titulado 'Rough Justice' sobre el papel y las funciones de la CPI en la política global. Sería la primera vez que la Corte, muy criticada en África, pone en su mira al personal norteamericano, especialmente en cuanto a las actividades de los servicios secretos en Afganistán después de los ataques del 11 de septiembre de 2001 contra Washington y Nueva York.

El presidente Bill Clinton firmó el 31 de diciembre de 2000 el Tratado de Roma que establecía la Corte Penal Internacional. Pero el texto no fue ratificado en su momento por el Senado, porque la Cámara Alta estaba entonces controlada por los republicanos, opuestos al tratado. Más tarde, George W. Bush minó la autoridad del tribunal novel retirando su firma del acuerdo en 2002. Barack Obama, por su parte, expresó de forma abstracta su adhesión a la misión de la CPI. Pero, pese a esas palabras, nunca se ocupó de influir para que el documento fuera ratificado por el Senado, incluso cuando los demócratas recuperaron su control en 2009.

Con unos y otros en el poder, el pretencioso y susceptible argumento de la Casa Blanca se ha basado siempre en la necesidad de defender a sus soldados y agentes desplegados en el extranjero de posibles acusaciones engañosas o políticamente motivadas. Como si ese riesgo no lo asumieran también los ciudadanos de otras naciones desplegados en misiones de paz o de espionaje. Por no hablar de la bofetada que eso supone para la honorabilidad y profesionalidad de los magistrados del tribunal. Lo que se está fomentando es la impunidad.

Ya en 2002, con el cambio de Administración, Washington intentó limitar seriamente los poderes de los magistrados y fiscales de la CPI a través de los denominados tratados de excepción. En el marco de esta política hegemónica ofreció a unos 100 países un acuerdo-tipo en el que éstos se comprometían a no extraditar o entregar a ciudadanos estadounidenses a cambio de ventajas comerciales. Eso restó mucha eficacia a la justicia universal.

Pero incluso si EEUU no es miembro de la CPI, encargado de juzgar crímenes de genocidio, guerra, agresión y lesa humanidad, los espías estadounidenses podrían ser formalmente acusados en La Haya, ya que sus delitos se cometieron en un país que sí es miembro, como Afganistán, y no han sido perseguidos en Estados Unidos.

La noticia, de prosperar, puede convertirse en el salvavidas del tribunal, que desgraciadamente no ha cumplido las expectativas depositadas en él y no se ha convertido en el órgano de justicia internacional verdaderamente independiente y prestigioso que pretendía ser. Primero porque tampoco ratificaron el protocolo de adhesión países significativos como Rusia, China, la India, Israel, Cuba e Irak. Y en segundo lugar, y esto es lo más importante, porque la Corte atraviesa precisamente ahora uno de los peores momentos de su existencia.

Resulta que ciertos Estados africanos han abandonado el organismo, porque consideran que se ha convertido en un instrumento más del neocolonialismo. Gambia, Burundi y Sudáfrica ya se han ido, y Kenia y otros cuatro países más sopesan tomar la misma decisión. "La Corte es blanca y está pensada para hostigar y humillar a la gente de color, en particular, a los africanos", ha dicho el ministro gambiano de Información, Sheriff Bojang, quien ha apoyado su crítica señalando, a su vez, "la incapacidad de la CPI para acusar al ex primer ministro británico, Tony Blair, por la guerra de Irak". Es cierto que todos los casos investigados, excepto uno, Georgia, se centran en África. Se trata de Uganda, República Democrática de Congo, Sudán, República Centroafricana, Kenia, Libia, Costa de Marfil y Malí.

Las denuncias de parcialidad racista son extremadamente graves. Si continúan los abandonos entre sus 123 miembros, eso puede significar la desintegración de la Corte. Esperemos pues que la acusación contra la CIA y sus métodos no termine siendo un brindis al sol diseñado únicamente para atraer el foco mediático.

Fuente: Sputnik