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sábado, 19 de noviembre de 2016

Bismarck y los latinos

Por Antonio Moreno Ruiz para Katehon

En algunas ocasiones, he visto un entusiasmo muy singular por la figura de Bismarck por parte de algunos ibéricos, así como también de no pocos hispanoamericanos. Se cita a Bismarck como si fuera una suerte de ciencia política irrefutable o algo parecido. Y la verdad que es algo que produce desánimo, cuando no pavor. Parecen olvidarse muchos que Bismarck nos despreciaba a los europeos latinos. Miedo da la opinión que podría tener de los criollos y no digamos ya de los mestizos.

Yéndonos a los hechos, lo cierto es que Bismarck apoyó política y económicamente a los liberales españoles, haciendo todo lo posible contra el carlismo, al que temía, cuando no odiaba. Aparte de la sintonía política que tenía con los liberales (pues no en vano nunca dejó de ser liberal), intentó evitar a toda cosa que se produjese una entente legitimista hispano-francesa, y más en el contexto cultural del panlatinismo. En verdad el panlatinismo fue una de las muchas farfollas politiqueras de Napoleón III, pero como conciencia cultural cuajó bastante tanto en Francia como en España, y Bismarck sabía del potencial que podía tener si se llevaba a cabo en la arena política, y más con dos monarquías antiliberales aliadas. Por eso Bismarck estaba contra nuestros intereses, así como estuvo contra los intereses de los católicos en general.

Bismarck representa una grave contrariedad al espíritu hispánico. Así como el panteísmo y otras modas modernas que, como ya advirtió Marcelino Menéndez y Pelayo hace más de un siglo, no se entienden sin las aportaciones del judaísmo. Y es que en verdad el protestantismo no es una "vuelta al cristianismo más auténtico", sino su corrupción más acendrada. Y Bismarck no deja de ser un hijo legítimo de todo esto, así como la "filosofía alemana". Y no es que esté despreciando las muchas aportaciones de filósofos alemanes; pero lo cierto es que muchas de sus teorías son tan inaplicables como ajenas en nuestro mundo.

Y eso por no hablar del fracaso imperialista alemán en África y Oceanía. En Oceanía, concretamente, nos quisieron robar islas.

Creo que Vázquez de Mella, el tribuno del tradicionalismo hispánico a quien admiro muchísimo, sin embargo, se equivocó rotundamente en su excesiva germanofilia, más cristalizada a partir de la Gran Guerra. No por ello justifico a los aliadófilos, ni a tantas exageraciones que se dieron en la España de aquel entonces, eclipsada por las incertidumbres y las corruptelas políticas. Pero por eso mismo, nada podíamos hacer en aquella desgraciada Gran Guerra que acabó con los últimos imperios territoriales/supranacionales de Europa para beneficio absoluto del dominio anglosajón y el republicanismo francés.
Hablando de la malhadada Gran Guerra, se suele repetir con insistencia que D. Jaime de Borbón (en puridad, Jaime III de España), fue aliadófilo en la Primera Guerra Mundial. Empero, no parece que la cosa fuera tan sencilla: Lo cierto es que D. Jaime había sido húsar del zar Nicolás II. Fue soldado del Imperio Ruso entre otras cosas, porque los austrohúngaros se negaron a admitirle en sus filas (afianzando las intrigas de María Cristina de Habsburgo-Lorena) y fue en la Rusia donde tuvo que desarrollar su carrera militar. Aparte,  estaba exiliado en Francia, donde muchos le consideraban el jefe de la Casa de Borbón. Tanto el primer como el segundo detalle suelen ser omitidos antes de juzgar la postura de D. Jaime ante la Gran Guerra, que por cierto, no fue otra que la neutralidad para España.

Dentro de las filas tradicionalistas, si bien había amplias simpatías por los germanos, sin embargo el historiador Melchor Ferrer fue voluntario de Francia, y el escritor Ramón del Valle-Inclán (1) no dejaba de esgrimir el panlatinismo a su manera. Con todas las consideraciones que podamos hacer, de lo que no cabe duda es que tanto Ferrer como Valle-Inclán y D. Jaime tenían mucha información real sobre los resultados de la política alemana como para desconfiar, cuanto menos.

Sea como fuere, nosotros venimos de Roma, gracias a Dios. No tenemos que acomplejarnos por conceptos europeístas o racistoides que, si bien ya asomados en la Ilustración, impusieron mayormente los germanos en el siglo XIX (sí, los ingleses también son germanos) que, en muchos sentidos, poco nos tienen que decir; y muchos menos, sentar cátedras de autenticidad de nada. Tenemos ejemplos mucho mejores que Bismarck a los que acogernos. Valoremos lo nuestro.

(1) Sobre el tradicionalismo de Valle-Inclán habría mucha tela que cortar. Con todo, recomendamos:

http://movimientoraigambre.blogspot.pe/2013/07/los-supuestos-ideologicos-de-la-novela.html

http://poemariodeantoniomorenoruiz.blogspot.pe/2015/10/semblanza-de-valle-inclan-raigambre.html

Fuente: Katehon