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domingo, 21 de agosto de 2016

La increíble historia de Glenn Souther, el agente estadounidense de la KGB

Entre los agentes reclutados por la KGB durante la Guerra Fría, existen decenas de nombres famosos. Unos se encargaron de la información sobre la expansión de la OTAN al Este, otros recibían datos sobre provocaciones o los puntos débiles del enemigo.

Trescientos años de cárcel

La Armada de EEUU —integrada no solo por los destructores, submarinos o buques de abastecimiento, sino también por los portaviones— siempre fue un objeto de interés para la inteligencia soviética. Los agentes del Comité para la Seguridad del Estado (KGB, por sus siglas en ruso) documentaron cada acción de las naves estadounidenses, transmitiendo a Moscú toda la información obtenida.

Sin embargo, los agentes secretos 'promedio' no tenían los suficientes conocimientos para obtener la información relacionada con las características técnicas de los buques estadounidenses —en particular, de los sistemas de información, las técnicas de codificación de señales o las características de almacenamiento de armas y combustible—. Esa era la tarea de los espías de "categoría superior", los infiltrados.

En mayo de 1985, la Oficina Federal de Investigación de EEUU (FBI, por sus siglas en inglés) arrestó a cuatro agentes soviéticos: el estadounidense John Walker, su hijo Michael, su hermano Arthur y su mejor amigo Jerry Whitworth. Más aún, Whitworth fue condenado a 365 años de prisión.

"El FBI y la contrainteligencia de la Armada de EEUU pasaron varios años para encontrar y exponer a los agentes", según comentó a la cadena Zvezda el historiador de inteligencia Andréi Kazakov. No obstante, a pesar del fracaso, la KGB decidió continuar con el trabajo de inteligencia. Pero esta vez, apostó por un nuevo agente.

Agente Hugo

En plena Guerra Fría, un ciudadano estadounidense llegó a la Embajada de la URSS en Italia y preguntó directamente a los empleados por la posibilidad de recibir la ciudadanía, manifestando su deseo de vivir en la URSS y asegurando que no poseía ninguna información secreta.

Luego se conoció que el visitante de la Embajada era Glenn Michael Souther, fotógrafo personal del comandante de la Sexta Flota, almirante Crow. Sin conocerlo, resultó ser de interés para la inteligencia soviética, e incluso recibió una propuesta de trabajo.

Durante sus años de trabajo, Souther transmitió una gran cantidad de información relacionada con los planes a largo plazo de la Armada de EEUU. En sus informes, el estadounidense transmitía a la URSS todos los datos necesarios para la vigilancia. Gracias a la "campana de cristal roja" sobre la Sexta Flota, la URSS consiguió obtener el control total de la Flota estadounidense.

Todos eran muy distintos entre sí, desde los amantes de las grandes sumas de dinero, hasta los profesionales que compartían la ideología soviética.

En 1982, Souther vuelve a EEUU y entra en una Universidad Militar estadounidense. Además, empieza a trabajar en una empresa perteneciente a la Armada de EEUU, donde se dedica al análisis de las imágenes satelitales. En ese momento, obtuvo un documento secreto, un plan operativo de un supuesto ataque nuclear sobre 150 objetos localizados en la URSS.

Ese mismo año, la exmujer de Souther le contó a un oficial de la Sexta Flota de las actividades de su exesposo. El agente fue interrogado por los servicios secretos estadounidenses, sin embargo, el FBI no logró obtener ninguna información relevante. La KGB decidió evacuar a Souther, y en 1986, el agente abandonó EEUU y recibió el pasaporte soviético con el nombre de Mijaíl Orlov.

La dulce muerte

En la URSS, conoció a su segunda esposa, Elena, con la que en 1988 tuvo una hija llamada Alexandra. Sin embargo, en 1989, pasa algo inexplicable. Souther acabó con su propia vida, metiéndose en su coche, cerrando todas las ventanillas e inhalando el gas. Al día siguiente, los vecinos del agente hallaron su cuerpo sin vida en el garaje.

Antes de cometer suicidio, Souther dejó dos notas, una para su familia, y la segunda, para los oficiales de la KGB.

"Esta es mi decisión, y es consecuencia de sobrecarga mental. Solo estoy cansado de vivir", declaró en la nota dirigida a su mujer.

En la carta dirigida a la KGB, pidió que le enterraran vestido con su uniforme. Además, pidió perdón al organismo y agregó que las "relaciones" con la organización le ayudaron a "madurar".

Glenn Souther fue enterrado en el cementerio moscovita de Novo-Kuntsevo, cerca de otro famoso agente —el británico Kim Philby—.

En 1988, Souther escribió en su diario: "Para mí, Rusia era un lugar donde vivía un sueño, un país que me encantó, a pesar de que a veces tenía dificultades y de que me sentía solo".

Fuente: Sputnik