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lunes, 23 de mayo de 2016

Israel pretende exportar su modelo de seguridad a Europa

Por Walter Goobar

La posibilidad de que un avión de Egyptair que volaba de Paris a El Cairo fuera blanco de un atentado terrorista perpetrado con la complicidad de empleados del aeropuerto Charles De Gaulle podría precipitar la 'israelización' de la seguridad en Europa.

Los atentados terroristas simultáneos consumados en Paris en noviembre de 2015 no fueron el '11-S de Francia'. Al-Qaeda agotó sus activos humanos eficazmente en los Estados Unidos en aquel ataque y nunca recuperó la capacidad para atacar el corazón de ese país.

Hasta ese momento, los servicios de inteligencia galos y belgas no comprendieron que el Estado Islámico en realidad pretendía lanzar una 'Intifada' a nivel europeo, tal y como demostraron los ataques en Bruselas en marzo pasado.

Hoy alertan de que, desafortunadamente, va a haber más ataques. Admiten, además, que hubo groseros errores de subestimación, especialmente en los servicios secretos belgas.

Hasta el Gobierno de Bruselas ha hablado de "negligencia". Y es una verdad insoslayable que, como escribe The Economist, los europeos tendrán que encajar sin ceguera que sus ciudades están ahora en la diana terrorista, que no es lo mismo que ceder y vivir aterrorizados. Inmersos en el desconcierto, se busca a la desesperada un escudo mágico que impida nuevos atentados y se empieza a imponer una corriente dura de pensamiento: quien aboga por la ‘israelización' de la vieja Europa defiende que solo con el blindaje y el extremo celo se pueden prevenir más masacres.

"Hubo una subestimación generalizada del Estado Islámico (Daesh) desde que comenzó el conflicto. Caracterizarlo como "un grupo de fanáticos medievales" esconde algunos puntos importantes. Si bien su liderazgo político no es muy sofisticado, el militar está compuesto por generales de la era de Saddam Hussein, que dirigieron los esfuerzos sunitas en la guerra civil iraquí de 2006 y 2007. Perdieron, pero aprendieron mucho sobre guerra urbana. Son bastante buenos en logística y planeamiento, en montar redes, transportar armas y explosivos", afirma David Chuter, especialista en políticas de Seguridad e Inteligencia con décadas de experiencia como asesor en Defensa de los gobiernos de Francia y Reino Unido.

Además de declaraciones apocalípticas por parte del ministro israelí de Transportes, Israel Katz, quien advirtió que "si Bélgica sigue comiendo chocolate y disfrutando de la buena vida con su liberalismo y su democracia, y no entiende que algunos musulmanes están planificando actos de terror, nunca será capaz de luchar contra ellos".

Las 300 empresas israelíes de seguridad, que ya custodian la mayoría de los cruceros de turismo, no quieren dejar escapar este jugoso negocio.

Sin embargo, los europeos son reticentes porque esta opción implicaría severas restricciones a sus libertades individuales y, por eso, Israel filtró a la cadena norteamericana Fox News que los atentados ocurridos en Francia el año pasado se habrían podido evitar si el Ejecutivo galo hubiera aceptado adquirir un software de seguimiento de terroristas, que rechazó por ser de origen israelí.

Se trata de tecnología de recolección de datos que habría permitido a las autoridades francesas "unir todos los puntos" de la comunidad extremista islamista, utilizando información de agencias de inteligencia en todo el mundo, incluyendo Interpol, para poder así frustrar los atentados que se estaban planificando. El sistema analiza y hace coincidir los informes de inteligencia fragmentados de varias bases de datos nacionales e internacionales, dando a los agentes de lucha contra el terrorismo la información puesta al día sobre terroristas potenciales.

"A las autoridades francesas les gustó, pero el funcionario dijo que había una orden de nivel superior de no comprar tecnología israelí," dijo a Fox News un especialista israelí en lucha contra el terrorismo, familiarizado con la tecnología y la empresa que la produce. "La discusión terminó allí", agregó.

La fuente israelí rehusó revelar el nombre de la empresa o la tecnología en detalle, que ha sido compartida con EEUU y otros países que tienen buenas relaciones con Israel.

Según relata Carmen Rangel en Huffington Post, el modelo de seguridad que desde Israel sugieren exportar es el del aeropuerto internacional Ben Gurión de Tel Aviv. Sus gestores sostienen que están recibiendo numerosas consultas de países y compañías aéreas para adaptar el sistema a Europa, especialmente desde los atentados de París del pasado noviembre. No es un blindaje reciente, sino una evolución desde los secuestros de aviones de los años 70. Pero, con 16 millones de pasajeros al año, Ben Gurion es notablemente menor que focos como Heathrow en Londres (75 millones), Madrid Barajas (47 millones) o incluso Barcelona El Prat (40 millones) y se asemeja más al de Málaga (14 millones).

Más allá de la escala, la aplicación del modelo antiterrorista israelí implica sacrificar libertades. La razón de que el Aeropuerto Internacional Ben Gurion de Israel sea considerado el estándar de oro de la seguridad aérea es que se alienta a los inspectores a señalar a pasajeros para una revisión adicional en base a su religión, edad, género.

Ahí comienza un proceso que, pese a la defensa encendida que hace de él Israel, no deja de recibir quejas por la discrecionalidad y la severidad que implica.

Personal de los servicios de inteligencia pululan por la zona, mientras sus colegas se internan en las colas que se ordenan antes de despachar el equipaje, en las que le van preguntando uno a uno a los viajeros por sus planes, lo que han hecho en Israel… ¿Dónde se ha alojado? ¿Dónde ha ido? ¿Qué ha comprado? ¿Ha hecho solo la maleta? ¿Tiene amigos palestinos? ¿Ha contactado con alguno? ¿Con quién ha compartido habitación? ¿A quién ha contratado como guía? Son preguntas habituales.

El interrogatorio es mínimo si el interpelado es israelí —judío, el caso de los árabes con pasaporte israelí es bien distinto— pero extenso si viaja un palestino. También son largamente interpelados los extranjeros. No importa si se está hablando con un religioso de los que llevan 40 años en Tierra Santa. Las preguntas no se agotan.

Los interrogados son marcados con pegatinas y códigos con los que identifica su grado de "peligrosidad": del 1 que se da a los israelíes judíos, con los que se cruzan pocas palabras, al 6 de los sospechosos a los que se lleva al tristemente famoso cuartito.

En los últimos años, ha empezado a exigirse a determinados pasajeros que muestren sus correos electrónicos y redes sociales (sobre todo Facebook), para ver sus amistades y movimientos. Hay quien se ha negado y no ha pasado nada. Hay quien se ha negado y ha tenido interrogatorio extra. Y hay a quien no le han hecho la más mínima alusión al respecto.

Adoptar el modelo israelí implicaría reconocer que es imposible disuadir a los atacantes suicidas con la amenaza de una muerte segura o lesiones corporales. Israel aplica la política de demoler las viviendas familiares de los terroristas palestinos para contrarrestar la abrumadoramente mayoritaria aprobación social y los beneficios financieros que reciben por contribuir con "mártires" a la causa.

Israel también aplica la controvertida política del asesinato selectivo como herramienta antiterrorista, que más tarde fue emulada por el Gobierno de Barack Obama.

Para que el modelo israelí funcione, los expertos de ese país aconsejan que las gendarmerías y los servicios de inteligencia deban barrer los suburbios franceses y sus centros comunitarios y mezquitas, y elevar su vigilancia. Deben colocarse puestos de control a las entradas de los paraísos islamistas y realizar búsquedas entre quienes se desplazan dentro y fuera de esas áreas.

¿Es eficiente el modelo israelí como para copiarlo? ¿Es aplicable del otro lado del Mediterráneo? ¿Y garantiza los derechos esenciales de los ciudadanos? No lo tiene tan claro Shlomo Brom, experto del INSS (Instituto Nacional de Estudios de Seguridad de Israel), que ha reconocido que "las amenazas son distintas" allá y acá. "En nuestro caso —dice— no nos enfrentamos a ataques tan planificados y organizados por células que se identifican con el Estado Islámico o con Al Qaeda".

De hecho, Francia ya instaló una docena de centros desradicalizadores en todo el país para identificar a posibles extremistas y evitar que se unan a grupos diaristas. Este plan de dos años incluye un conjunto de medidas anti terroristas encaminadas a combatir el incremento de gente joven atraída por los grupos terroristas. También establece un sistema de alerta previo para intentar recuperar a aquellos que tienen tentación de unirse.

Si se desconoce el fuerte componente interno de esta oleada de ataques terroristas en Europa jamás se podrá pensar en resolver el problema. La crítica situación en la que se encuentran las comunidades magrebíes en los suburbios franceses y belgas ya ha sido estudiada por sociólogos y trabajadores sociales desde hace décadas.

En total son 5.000 los europeos que cruzaron el continente para unirse al Estado Islámico. Francia aportó 1.800, y tendría en su propio territorio a otras 10.000 personas ligadas al terrorismo islámico.

El sistema israelí, que lleva casi 70 años tratando de detener a los llamados "terroristas palestinos", parte de una realidad que no existe en Europa: la criminalización generalizada de los palestinos a los que ocupa y de los árabes israelíes, que son casi 1,2 millones de personas.

Más allá de las sospechas puntuales sobre un individuo o una organización, se vigila a todo un pueblo, que conforma hoy un estado considerado observador de Naciones Unidas desde 2012.

¿Se debe hacer lo mismo, poner a todos los musulmanes o árabes de Europa bajo la lupa y la inspección?

Fuente: Sputnik