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jueves, 7 de enero de 2016

Arabia Saudita vs Irán: la placa tectónica del petróleo de Qatif

Por Alfredo Jalife para Telesur

La escalada entre Arabia Saudita –primera potencia petrolera global, con una población de 27.7 millones: 80 por ciento sunitas y 20 por ciento chiítas concentrados en Qatif y su Provincia Oriental– e Irán –81.8 millones; país indoeuropeo de mayoría chiíta y segunda potencia gasera global–, es mucho más geopolítica que religiosa y/o étnica, como distorsiona la balcanizadora narrativa israelí-anglosajona.

Cuando el sha de Irán reinó impávido, Arabia Saudita fue su gran aliado bajo la férula de Estados Unidos (EU).

Hoy la compleja escalada entre Riad y Teherán refleja la fractura global, el incendio del Gran Medio Oriente, y la contienda por los liderazgos del mundo islámico y la OPEP.

La fractura geoestratégica de EU con Rusia/China es concomitante a la trampa demográfica de Brzezinski/Stratfor mediante la “carta islámica” para desestabilizar las entrañas del RIC (Rusia, India y China).

Rusia cuenta con 20 por ciento de tártarossunitas; India, país nuclear, es hoy la máxima potencia numérica islámica (20 por ciento de su población), y China ostenta 10 millones de uigures/mongoles sunitas, parte de los pueblos túrquicos, en la superestratégica provincia autónoma de Xinjiang, pletórica de gas y uranio.

El exprimer ministro israelí general Ariel Sharon trazó al Gran Medio Oriente con una línea horizontal, desde Marruecos hasta Cachemira (hasta donde alcanzaron las protestas contra Arabia Saudita), y una línea vertical desde el Cáucaso –el bajo vientre de Rusia– hasta el cuerno de África.

La Organización de la Conferencia Islámica de 57 países, exhibe mil 600 millones de feligreses –¡22 por ciento del género humano!– cuyo 80 por ciento es sunita –que no es tan homogéneo debido a sus escuelas jurídicas de interpretación del Corán– y un casi 20 por ciento chiíta, que tampoco es uniforme debido a sus múltiples sectas (alawitas de Siria, hutíes/zayditas de Yemen, alevis de Turquía, ismaelitas de India, etcétera).

Destacan las minorías chiítas en India, Pakistán y Afganistán (desestabilizada por el megajuego geoestratégico de EU contra el RIC).

La cartografía de los mundos árabe e islámico resalta la mayoría del chiísmo en Irak (85 por ciento), Bahréin (85 por ciento), Líbano (50 por ciento), hasta sus pletóricas minorías en India, Pakistán/Afganistán.

Alrededor de 400 millones de chiítas se encuentran en 100 países y 80 por ciento se asientan en cinco: Irán (81.8 millones), India (45.4 millones), Pakistán (42.5 millones), Irak (24.5 millones) y Turquía (20 millones).

Más allá de la disputa por el liderazgo religioso del mundo islámico entre Irán y Arabia Saudita –custodio de los sitios sagrados de La Meca y Medina–, Riad ha perdido a dos privilegiados aliados sunitas –Saddam Hussein, quien gobernaba a la mayoría chiíta en Irak (imagen en espejo en Siria de Bashar el Assad, que representa 15 por ciento de la población alawita frente a 80 por ciento de sunitas) y Hosni Mubarak de Egipto, arrasado por la artificial primavera árabe instigada por EU y Gran Bretaña–, mientras Irán ha extendido su influencia a varios puntos del mundo árabe: Líbano, con el Hezbolá; Siria, con los alawitas en guerra contra Arabia Saudita/Turquía/Qatar; Yemen, donde Arabia Saudita libra una guerra contra los hutíes, y Bahréin, donde Riad intervino militarmente para sofocar la rebelión de la mayoría chiíta.

La escalada de Arabia Saudita e Irán llegó a un punto casi paroxístico con la muerte masiva de peregrinos iraníes en La Meca, reportada como estampida por Riad y fustigada por Teherán como un deliberado asesinato de cerca de 500 peregrinos persas (https://goo.gl/zpQKKc), entre quienes se encontraba el anterior embajador de Irán en Líbano.

Más allá de lo consabido e interpretado, además de los planes de multibalcanizaciones de Irán y Arabia Saudita propalados por el Pentágono (http://goo.gl/gwl9pJ) y el NYT, cabe rastrear tres pistas radiactivas: 1) las reservas de divisas de las seis petromonarquías árabes del golfo Pérsico que contemplaron lanzar el gulfo; 2) la paridad fija del riyal, la divisa saudita, al dólar, y 3) el petróleo de Qatif.

No es el mejor momento para que Arabia Saudita e Irán prosigan su escalada cuando Riad consolida su sucesión e Irán (con 109 mil millones de dólares de reservas frente a cerca de 650 mil millones de dólares de Arabia Saudita) anhela el inminente levantamiento de las sanciones para recuperar sus 150 mil millones de dólares embargados por EU, a cambio de la desactivación de su proyecto nuclear.

Las 47 ejecuciones contabilizaron 43 sunitas terroristas –yihadistas y de Al Qaeda, quienes buscan derrocar a la casa real de Saud– y otros cuatro chiítas: el prelado Nimr al-Nimr –oriundo de Qatif, venerado por los jóvenes y quien amenazó con una secesión– con otros tres clérigos, lo cual detonó la furia del chiísmo universal cuando Hezbolá acusó a EU de encontrarse detrás de las decapitaciones.

Stratfor, centro texano-israelí que se ostenta como la CIA en la penumbra, comenta que la controversia sobre el prelado al-Nimr “ha estado hirviendo durante años”: detenido en julio de 2012 por incitar a los activistas chiítas en la región petrolera y Provincia Oriental de mayoría chiíta en Arabia Saudita cuando, durante la primavera árabe, Riad ya había intervenido en Bahréin, su pequeño vecino de mayoría chiíta, para reforzar el orden sunita en la península arábiga.

En similitud a la guerra de Irak e Irán para desangrar tanto al sunita Saddam Hussein como a la revolución islámica chiíta del ayatola Jomeini, EU vendió armas a ambas partes para desangrarlas. ¿Busca ahora EU repetir su clásico modelo hemorrágico a Arabia Saudita e Irán?

Ambrose Evans-Pritchard, feroz portavoz de la casa real británica, enuncia que la colisión de Arabia Saudita con Irán se acerca al punto peligroso del mercado del mundo petrolero.

Evans-Pritchard asevera que la agravada minoría chiíta, 15 por ciento (sic) de la población de Arabia Saudita, “se encuentra sobre los gigantes (¡supersic!) campos petroleros sauditas en la Provincia Oriental, donde destaca la ciudad de Qatif”.

Cita a Alí al-Ahmed, director del Instituto de Asuntos del Golfo, con sede en Washington, quien expone que Qatif es el centro neurálgico de la industria petrolera saudita, la gran estación central donde 12 oleoductos desembocan juntos para abastecer las inmensas terminales de petróleo en Ras Tanura y Dharan, y son vulnerables a ataques de pisa y corre.

Evans-Pritchard destaca que la mayor parte de los 10.3 millones de barriles al día de producción de Arabia Saudita, vigilada por 30 mil guardias,atraviesa el corazón chiíta, que ahora hierve con furia, cuya interrupción de unos pocos días puede provocar un pico del petróleo –a 200 dólares o más el barril–, y gestar una crisis económica global.

¡El maná geopolítico por el que suspiran los especuladores de hedge funds de Wall Street/La City (Londres)!

Hay que seguir con microscopio electrónico las posturas de Turquía (única potencia sunita de la OTAN), Pakistán (única potencia nuclear sunita) y Egipto (máxima potencia militar árabe), que ha adoptado una prudente actitud neutral, más por sus lazos recientes con Rusia y China y su repulsión a los Hermanos Musulmanes –patrocinados por Turquía y Qatar– que por su amor a Irán.


Fuente: Alfredo Jalife - Telesur