Por Ethel Bonet.
Cuando el ejército de Estados Unidos abandonó Irak a finales de 2011, dejando el país en manos de milicias islamistas radicales,
Washington no perdió a un viejo amigo, sino que ganó un nuevo socio: el
Kurdistán iraquí. Mientras los atentados suicidas matan a cientos de
civiles cada día y los yihadistas del Estado Islámico de Irak y Siria
(ISIS) avanzan peligrosamente hacia Bagdad
tras haber tomado otras ciudades, las provincias norteñas de Erbil,
Suleimaniya y Dohuk –que forman la región autónoma kurda– han
experimentado un boom económico en los últimos años.
El
Kurdistán tiene una de las tasas más rápidas de crecimiento económico en
el mundo. El año pasado registró un crecimiento del 8%, impulsado por la explotación de sus reservas de gas y petróleo. El producto interior bruto (PIB) per cápita es alrededor de 6.000 dólares, un 50% mayor que en el resto de Irak. . . .
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Fuente: El Confidencial.